jueves, 29 de octubre de 2009

de lo que están hechos lo sueños

Data: Señor, ¿el contacto táctil aItera su percepción deI Fénix?
Picard: Oh, sí.Para los humanos, la sensación táctil puede unirnos a un objeto de una manera muy personal y hacer que parezca más real.

(StarTrek VIII:First Contact)

P1020107El domingo pasado tuve la oportunidad de asistir al “Día abierto de la Casa de la Ópera”; es un evento en que una vez al año el tan famoso esceario abre sus puertas gratis a toda la gente que quiere conocerlo. Regularmente los tours valen entre 40 y 160 dolares  para poder recorrerlo según lo que uno quiera ver (y alcance a pagar), tenía este día anotado desde hace un par de meses, pero para variar lo había olvidado hasta que mi angel y demoña me lo recordó justo el sábado, así que alistamos sandwiches, sushi, fruta, agua, cámara y ropa cómoda para el largo recorrido del domingo. Hablo de uno de los edificios más famosos del mundo; algunas personas que asistieron se sintieron descepcionados de ver que internamente no tenía las dimensiones de un estadio olímpico, ya que está compuesto por tres auditorios mayores y otros pequeños para conferencias y recitales, uno de los restaurantes más caros del continente y tiendas y esas cosas (ver mapa).

Todo este cuento va a una cosa simple: en los tres meses que llevo acá, Sídney nunca había sido tan real para mí. Confieso que la emoción fue tanta que se me aguaron los ojos y me temblaron las piernas; la misma sensación que cuando pude abrazar una de las más altas partes de la catedral de la Sagrada Familia en Barcelona y otro par de ocasiones asi en otros lados y situaciones.

nemo_opera-house Para mí, Los sueños estan fabricados de realidades. Era un sueño llegar acá: llegué, pero el sueño venía acompañado de esa imagen icónica que aparece hasta en Buscando a Nemo, en dónde para Marlin, el pez payaso, llegar a Sídney se vuelve el sueño y esperanza de volver a ver a su hijo.

Ya que soy una persona de que genuinamente disfruta de conciertos, óperas, ballets, teatros y esas cosas aburridísimas… es obvio que de verdad me guste el edificio muy por encima de la foto de turista. Estar dentro es cumplir el sueño  de abrazar el nuevo sueño de trabajar para asistir a las tantas y tantas cosas que tiene para ofrecer y que me interesan. La realización del sueño se convierte en el punto de partida para el cumplimento de un nuevo sueño, nuevamente basado en realidades plausibles y coherentes.

Personalmente no concibo los sueños irrealizables. Conozco personas que desde hace más de 10 años dicen que “cuando tenga un Audi…”, y que “con el Mac que se va a comprar…”, Aunque sea feo decirlo… nunca ha hecho mayor cosa ni por tener una bicicleta. Igual es su sueño, por eso nunca le he dicho nada y lo respeto y alento a que si lo tendrá.

Dice sabiamente mi abuelita: “para ganarse el baloto, mija, al menos vaya a comprarlo”; y ella si que sabe de eso con sus dos chances diarios tres veces a la semana que haces desde hace décadas. Se saca uno que otro número uno que otra vez, y es feliz, porque hace realidad el sueño de ganárselo.

Goya, The Sleep of Reason Produces Monsters (Los Caprichos), 1799Me quedan toneladas de cosas por hacer en esta vida y en la siguiente, no me afano en ninguna y tampoco dejo de procurar conseguirlas a medida que las ánsias y la oportunidad lo permitan. Con cada nuevo sueño realizado vienen más cosas por cumplir, conocer, hacer…

La vida es sueño. Dejadme dormir, que aunque mostruos quieran turbar mi sueño de cuando en cuando, sigo viviendo mi sueño y soñando mi vida.

lunes, 19 de octubre de 2009

bin watch – guardianes de la caneca

Foto0382

En esta vaina de meterme en otra vida en otra mundo, me dio por voluntariarme para una feria en un suburbio. Un domingo cualquiera en un barrio residencial que hace un bazar como en cualquier otro lugar, solo que con las “pequeñas” diferencias de lo que eso puede representar por acá. Precisamente este es uno de varios blogs dedicados a esas diferencias e igualdades de los otros mundos.

La feria tenía de todo: juegos mecánicos para niños, feria artesanal y de todo tipo de productos, carpas con campañas institucionales y ahí estaba yo: Guardián de la caneca (al mejor estilo Mitch Buchannon, bay watch, inicio de los 90’s). Fue un voluntariado que tomé para conocer otra parte de la ciudad, recibir camiseta y almuerzo gratis y una carta de recomendación del Lane Cove City Council. Solo tenía que estar cerca a las tres canecas que se ven en la foto y cuando alguien fuera a echar algo en ellas, invitarlos a usar la caneca adecuada para cada tipo de basura. Es muy fácil: material orgánico en la roja, reciclable en la amarilla y papel en la azul; pero cuando alguien quería botar un vaso de café hasta yo mismo me confundía porque si tenía aún líquido se supone que iba en la roja pero como es papel es la azul pero por el material reciclable debería ir en la amarilla, sin hablar del pitillo y tapa plásticos que a la gente le daba mamera separar. Al final también hubo alguna gente que le importaba un carajo lo de la separación de basuras, que hacía ruido o que no era polite o amable, pero era tan poca que no solo se destacaba de mala manera sino que terminaba haciéndolo un poco al margen de los demás. En fin, el trabajito resultó ser varias cosas todas muy agradables, interesantes y divertidas.

La vaina es que uno no puede dejar de comparar, de sorprenderse gratamente de cosas agradables y de maravillarse de cosas tan tristemente iguales al contexto en el que me moví casi siempre. Siempre hay Hippies vendiendo manillas (y acá suelen ser latinoamericanos), promotores de yoga, curas milagrosas contra el cáncer y espiritualidades con la verdad verdadera (suelen ser chinos), familias que salen a caminar y desperezar la rutina (de todas las nacionalidades). De la comida ni hablar, eso merece muchos temas posteriores y que he ido postergando porque no sé por donde comenzar. Son todos los mundos a la vez, un sabor a la vez. 

Foto0383En fin, para continuar con lo de las diferencias, ya la sola organización del evento resultó excelente: gente que hacía lo que debía hacer, muchos voluntarios, gente retirada que quería colaborar con las cosas de su comunidad y pasar una tarde agradable y calmada tomándose las cosas muy en serio pero con diversión y compromiso, gente joven queriendo colaborar y pasar un rato agradable. Todo muy familiar. 

Foto0379Y así muy familiar me sentí, la gente es tan amable acá en general que hasta confieso que me he sentido suspicaz cuando me hablan con amabilidad o me ofrecen ayuda si me veo perdido por ahí. Esta es una de esas vergonzosas cosas que lucho por quitarme cada día: esa paranoia de supervivencia con la que tenemos que blindarnos los que queremos sobrevivir en lugares como Bogotá y tantos otros más.

 

En general especialmente en esta ciudad se promueve mucho eso de andar en familia y hasta hay tarifa especial en domingo(mínimo un adulto y un niño menor de 12 años: 2.50 tiquete para bus, tren o ferri y se puede uno montar en lo que quiera las veces que quiera hasta donde quiera dentro del área de Sídney). También se promueve entre semana de forma que la gente no se quede hasta tan tarde a trabajar y vaya a su casa a comer; casi todo lo cierran a las 5pm, hasta los centros comerciales; el jueves es día “largo” y se cierran las cosas a las 8 o 9pm.

Esta es la clase de cosas por las que uno siente que vale la pena haber tomado esta decisión: acá las cosas funcionan. No quiero decir que sean perfectas, al fin y al cabo en este planeta estamos todos lejos del paraíso desde que el hombre se llama hombre. simplemente que la ciudad funciona en un muy alto porcentaje de sus variables: transporte y servicios, aseo, seguridad y tolerancia, negocios y economía, ciudadanía y civismo, desarrollo sostenible, variedad para cada gusto, en fin. Si bien esta ciudad es MUY cara, siente uno lo que paga en impuestos y el costo mismo de las cosas se revierte en una mejor calidad de vida.

Esto de los voluntariados me ha gustado siempre y la verdad es que poco lo había hecho precisamente porque sentía que no valía mucho la pena. Me divertí, aprendí mucho acerca del diario vivir de estos canguráceos y avestruzoideas, me sentí parte de la comunidad, conocí y compartí con gente muy bonita y agradable, conocí nuevos lugares y al final del día hasta conseguí trabajo, uno bastante particular que creo que merece tema aparte.

domingo, 18 de octubre de 2009

realidades y verdades

 

(citando a Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol)

Alice in Wonderland(…)

--¿Qué clase de gente vive por aquí? –preguntó Alicia.

--En esta dirección --dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha-- vive un Sombrerero. Y en esta dirección --e hizo un gesto con la otra pata-- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

--Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca --protestó Alicia.

--Oh, eso no lo puedes evitar --repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

--¿Cómo sabes que yo estoy loca? --preguntó Alicia.

--Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aquí.

(…)

Este pasaje siempre ha sido de mis favoritos; me encanta el sin-sentido tan inteligente y sutil de todo el libro y en este pasaje yo creo ver algo muy común: de quién nos rodeamos  consciente o inconscientemente; “dime con quién andas y te diré quién eres” es una muy sabia frase de abuela que se acomoda bastante bien a la esta situación.

alicia Alicia termina metida de alguna forma en un banquete de gente “loca”, pero lo que ella considera loca termina no siendo otra cosa lo que ella misma invoca o hasta ha buscado.

De la manera más limpia y sana el gato de Cheshire de la historia tiene razón, aunque mucho le duela a Alicia y cualquiera que quisiera simpatizar con la aventurera niña, esa esfera social y de eventos que nos rodea termina siendo siempre simplemente que aquello con lo que nuestro subconsciente se sintoniza, para bien y para mal.  Otra broma más del destino, si así queremos llamarlo. A su vez, Alicia siente que padece porque está en un mundo de locos, que todos están locos, que las cosas están mal y que nada es normal. Sin embargo lo que no se da cuenta es que la loca es ella, la anormal es ella: todos los demás son normales porque son, en su nivel, semejantes.

La realidad y la normalidad son solo cuestión de contexto. El que no pertenece o ve desde afuera las cosas es el que cree que las cosas son diferentes. Esta es otra de esas cosas en la que la relatividad hace sus delicias. Acá lo real y normal se vuelve irreal y anormal y viceversa. Es estar en “otro mundo”.

Muchos capítulos después, la niña con una mente más serena decide deliberadamente ir en consonancia con la locura, “seguir la corriente” si se prefiere, para lucha para lograr sus propósitos mientras sobrevive entre tanta novedad y sinsentido para ella.

Creo que al final no se hizo más loca ni más cuerda; tan solo supo tomar parte de la partida que le tocó jugar (en la secuela “Alicia a través del espejo” ella tiene que seguir una partida de ajedrez para poder avanzar), en vez de hacerse la loca o de seguir negando la nueva realidad en la que se vio inmersa. Otro motivo más por el que me gusta tanto este clásico de volver a leer una y otra vez.

(A propósito, no puedo esperar a ver POR FIN lo que fue era solo un sueño loco: ver esta locura bajo el lente de Tim Burton. Les dejo el trailer en alta calidad)

viernes, 9 de octubre de 2009

Los que se van y los que se quedan

Toda historia tiene más de una versión, al menos la de uno y otro lado; en el caso de los emigrantes la cosa se vuelve entre los que se van y los que se quedan. Cada uno tiene una versión de por qué su situación es más difícil y dolorosa que la del otro; no sé cuál sea la verdad ni importa, pero conozco ambos lados de la historia y muchas historias que amplían esta visión y quiero compartir la ironía de los mismos pensamientos en el otro lado del espejo. Porque al fin lo que importa es que ambos siguen teniendo en común que su mente está allá con aquel al que se extraña tanto.

El que se va goza de una nueva vida. El qué se queda goza de la vida que ya sabe vivir. Ambos para bien o para mal.

Nadie sabe la sed con la que bebe el otro.

Con la tecnología disponible hoy día la migración se hace más cercana para ambas partes: mails, redes sociales, álbumes en línea, celulares con llamadas gratuitas internacionales, chats con webcams, mensajes cortos…todo en tiempo real; todo para estar más juntos y hacer más llevadero el tiempo y el espacio interpuesto, pero al final puede más el mundo que no para de rodar. Para bien o para mal.

Quedarse no es fácil, dicen los que se quedaron. Los que se fueron viven una nueva vida a cada paso, lenguas, costumbres, lugares, personas, experiencias completamente diferentes que embriagan a cualquiera y hacen que el que se quedó se sienta dejado atrás, olvidado y enterrado entre las arenas del tiempo, menospreciado por las nuevas estrellas que brillan en el nuevo cielo del ausente. No hay mucho que contar tan interesante como lo que va contando y publicando el viajero; es mejor tragarse los dolores frecuentes y usuales “para no preocuparlo por allá”, porque al fin y al cabo acá “somos los mismos con las mismas y lo seguiremos siendo”.

Estar fuera no es fácil, dicen los que se van, los que se quedan cuentan con el mundo que conocen y saben vivir, con la compañía que ya tenían y haciendo las cosas que ya saben, no tienen que extrañar los arraigos de la tierra (tan propios de los colombianos); los que se fueron se sienten olvidados y enterrados por las arenas del tiempo; sienten que sus amores, familiares y amigos empiezan a olvidarlos en el devenir de su rutina, cada vez con menor frecuencia escriben y cuentan menos cosas cada vez o parecieran preocuparse menos por aquel que ya no está. Esporádicamente alguien pregunta: “eh! y qué pasó con este que se fue, ¿cómo es que se llama?”. Se siente que es más fácil publicar la foto sonriente junto al paisaje de la postal que escribir mails con las cuitas y lágrimas de los nuevos dolores y temores porque persiste en el emigrante el miedo al fracaso y el señalamiento y la decepción por parte de quienes esperan los triunfos, dólares y regalos.

Comunicación ya la tenemos hoy en día, de todas las formas. Hace falta que sea más efectiva y real. Yo mismo publico mis fotos en salidas y lugares, sonrientes e irreverentes; obvio que no me tomo fotos cuando estoy aburrido, deprimido o preocupado, pero si sé que si se debe hablar con la verdad de manera asertiva con aquellos a quienes se extraña, por quienes el esfuerzo vale la pena y por los que la sonrisa en la foto es de verdad sincera.

Al final siempre estamos tan juntos los unos de los otros tanto como lo queramos seguir estando, con cartas, llamadas, fotos o mensajes que nos unan más de verdad y recuerden porque somos importantes los unos para los otros no importa que estemos bien o mal, lejos o cerca.

Una canción de Joan Manuel Serrat llamada “Juan y José” cuenta la historia de dos grandes amigos de infancia que se separan porque uno de ellos se va a viajar y le envía al otro cartas y postales, y el otro se queda en su misma vida provinciana; les regalo el último pedazo cuando se encuentran medio siglo después:

“Juan y José
volvieron a encontrarse en el frontón
medio siglo después, y como si tal cosa
Juan preguntó:
"¿A cuál le vas... azul o colorao...?"
y respondió el indiano: "Al que vaya a esa moza...
Qué cosas, Juan,
tanto rodar y estamos otra vez
en donde lo dejamos..."
"Pero a ti, Pepe, que te quiten lo bailado...
Y gracias, Pepe, por llevarme a bailar."
Caña dulce,
mamey colorao.
Tú cabalgabas
y yo iba a la grupa
en las largas tardes junto a la estufa
del viejo café.
Con las alas de tus cartas, José,
atravesé todos los cielos de América
contigo,
¡Amigo!”

martes, 29 de septiembre de 2009

big-nene: aprendiendo a vivir en otro mundo

Lecciones para aprehender que si vale la pena aprender a valerse por si mismo y revisar las prioridades del presente.

este es un homenaje respetuoso a Oscar, el gordo.

oscar el gordo

Es mi compañero de cuarto, llegó hace un mes escaso y no nos conocíamos. 24 años, un hijo de 6 años, un divorcio, medicina e ingeniería industrial iniciadas, inteligente pero muy disperso, una joven novia en Colombia, un alma bonita, muy atormentado por sí mismo, supremamente gracioso y sagaz cuando lo decide y el gran peso de haber iniciado esta nueva vida tan lejos de lo que creía que era el mundo real.

Como es lógico al compartir un lugar, uno de los compromisos es hacerse cargo de las propias cosas y  colaborar con el aseo general, orden y esas cosas; cuando llegó el momento del gordo de lavar el baño nos confesó con un poco de timidez pero con asertividad que nunca en su vida había lavado un baño, y sucesivamente ha añadido que tampoco había escurrido un trapero, o usado una lavadora ni secadora, ni cocinado un huevo, o cocinado una pasta, o aspirado y desocupado la bolsa de la aspiradora, o planchado… en fin. Hemos ido enseñándole todo con mi amigo, el que tiene el apartamento en el que vivo. Ha sido un proceso bien interesante, cada cosa que hacemos es nueva para él y para nosotros algo de todos los días porque somos personas que vivimos solos durante muchos años. Ver el entusiasmo y determinación que le imprime a cada tarea es algo gratificante; el hombre no sabía hacer nada y lo está aprendiendo todo. Pienso un poco como si el gordo acaba de nacer ahora a sus 24 años y justo en otra tierra.

A veces se necesita de algo tan radical como esto para darnos cuenta de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que importa ser y saber y de lo que queremos de nosotros mismos. Verlo preguntar, poner atención y tomar notas a cosas tan sencillas como la proporción del blanqueador en el platón de ropa blanca; en si añadir o no comino a la mezcla para los tomates rellenos; en el orden  más sensato para planchar bien una camisa…, es algo que veo de él y me merece admiración notar el genuino interés y entusiasmo con el que asume el reto de aprender estas tareas; sin soberbia o humillación alguna por no haberlo hecho nunca ni haber tenido la necesidad de ello, y con el regocijo y orgullo de decirle a sus padres e hijo o novia que fue lo que aprendió a hacer ése día.

Para mi ser felices consiste precisamente en eso que ahora hace él: en hacer de cada pequeño logro una gran victoria gozando cada momento, porque ahora él sabe hacer una pasta y un postre, porque el huevo tibio le queda en el punto exacto en que a él y a mi nos gusta, porque con entusiasmo y dedicación asume el aseo en el día que le corresponde y colabora de la mejor manera posible; porque desde ya me da curiosidad de leer sus apuntes sobre las recetas que ha ido aprendiendo y esta vez, ser yo el que aprenda de él.

Él mismo ya no se reconoce del que arribó; él mismo dice que tiene mucho que aprender y sufrir (con eso si no estoy de acuerdo), no sé si es mejor o peor que es más fácil para él aprender todas las tareas de un hombre de hoy, que a arreglar los problemas diarios con su amada ya que se hacen la vida bastante difícil para ambos con tanta distancia.

Diría de él que ya recorre el camino sin saber cuál es, pero así se empieza a crecer con un propósito, para tener la voluntad de recorrer el camino sin importar la meta porque el camino mismo es una meta a cada nuevo paso y el agua tibia es nueva porque la has descubierto tú mismo y lo que puedes hacer con ella.

jueves, 24 de septiembre de 2009

¡contemplad las visiones del fin!

y Dios dijo “que todo en esta tierra sea más intenso y fuerte”                               ver fotos tormenta de polvo

dust_storm

Y rojo fue el cielo y todo lo que bajo él hubo; y todo fue como consumido por Marte y sus desiertos eternos o inmerso en el averno desolado.

Y el cielo fue de polvo y bruma y no hubo sol que lo penetrara.

Y los ventarrones sollozaron su aspereza desde el lejano outback y toda voz fue aplacada bajo su peso y nuestros ojos lloraron; todos con las cabezas doblegadas parecíamos suplicar casi sin darnos cuenta del inmenso peso que cayó sobre nosotros; y por dentro fuimos azul amargo y lento cubiertos de rojo y cal, con un humor y dolor que no pudimos predecir ni aún descifrar y que aún tarda en disiparse de nuestras almas.

borrasca Y tuve miedo de nuevo. Solo días después de cuando en medio de la gran ciudad y sus gigantes de concreto y vidrio, la borrasca hizo vibrar todo a su paso y la lluvia fue como lanzas gélidas en la piel; y fuimos como espantapájaros a su merced.

Y temí un nuevo furor de la tierra con sus langostas o arañas o mosquitos o serpientes como sólo esta tierra sabe amenazar y aún maravillar.

Y mi mente evocó al profetas del canal E! : “atended 'el día después de mañana’  y veréis que las señales se están cumpliendo (ahora en DVD)”, y me sentí entre aquellas visiones terribles que solo el lugarteniente del bestia, llamado Hollywood, podría anticipar con sus máquinas de silicio y bytes. pero esta vez no había crispetas y Coca-Cola.

Y las imágenes y olores aún frescos de la devastación de los incendios recientes que aún se perciben en el aire me hicieron estremecer.

Y la gran red diseminó la buena nueva de que el día final aún no había llegado, aunque una parte de mí ya sabía un poco como se verá con algunas de sus plagas.

Y acá seguiré tan al margen como pueda de las tormentas y mareas y la radiación y los vientos y los insectos y los arácnidos y los cocodrilos y los tiburones y los incendios y del gran hermano y la ola asiática y la crisis económica y Mac Donald’s; dando testimonio de lo cierto de mis palabras en el nombre del señor.

ver artículo de prensa

martes, 22 de septiembre de 2009

la magia de los números

 

el_pendulo_de_foucault

 

 

 

citando a Umberto Eco, el Péndulo de Foucault

 

La superstición trae mala suerte.

(Raymond Smullyan, 5000 B.C., 1.3.8)

--Sí, mamá.

--Claro que sí. Y ahora pasemos a los números mágicos que tanto les gustan a tus autores. Uno eres tú que no eres dos, una es la cosita que tienes ahí, y una la que tengo aquí, una es la nariz y uno el corazón, de modo que ya ves cuántas cosas importantes son uno. Y dos son los ojos, las orejas, los agujeros de la nariz, mis senos y tus pelotas, las piernas, los brazos, las nalgas. Tres es más mágico que todos porque nuestro cuerpo lo ignora, no tenemos nada que sea tres cosas, y debería ser un número misteriosísimo, que atribuimos a Dios, dondequiera que vivamos. Pero si te paras a pensar, yo tengo una sola cosita y tú tienes una sola cosita, calla, y no hagas gracias, y si ponemos esas dos cositas juntas sale una nueva cosita y ya somos tres. Pero entonces, ¿se necesita un profesor universitario para descubrir que todos los pueblos tienen estructuras ternarias, trinidades y cosas por el estilo? Mira que las religiones no se hacían con ordenador, era toda gente bien, que follaba como es debido, y todas las estructuras trinitarias no son un misterio, son el relato de lo que haces tú, de lo que hacían ellos. Pero dos brazos y dos piernas dan cuatro, y así resulta que también cuatro es un número bonito, sobre todo si piensas que los animales tienen cuatro patas y que a cuatro patas se mueven los niños pequeños, como sabía la Esfinge. Del cinco ni que hablar, son los dedos de la mano, y con dos manos tienes ese otro número sagrado que es el diez, y por fuerza han de ser diez los mandamientos, porque, si fuesen doce, cuando el cura dice uno, dos, tres y muestra los dedos, al llegar a los dos últimos tendría que pedirle prestada la mano al sacristán. Ahora toma el cuerpo y cuenta todo lo que sobresale del tronco, con brazos, piernas, cabeza y pene, son seis, pero en el caso de la mujer son siete, por eso creo que tus autores nunca se han tomado en serio el seis, salvo como el doble del tres, porque sólo funciona para los machos, que no tienen ningún siete, y cuando ellos mandan prefieren verlo como un número sagrado, olvidando que también mis tetas sobresalen, pero paciencia. Ocho; --Dios mío, no tenemos ningún ocho... no, espera, si el brazo y la pierna no cuentan como uno sino como dos, porque ahí están el codo y la rodilla, tenemos ocho huesos grandes que se bambolean desde el tronco, y si les sumas este último tienes el nueve, que con la cabeza da diez. Pero sin alejarte del cuerpo puedes obtener todos los números que quieras, piensa en los agujeros.

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así de simple, como solo una mujer puede entenderlo y hacerlo entender.

sábado, 19 de septiembre de 2009

todo es sobre samba | perfiles 1

bruna sambaCuando ves a Bruna con sus 20 años, escuchando su iPod, un libro de Jane Austin en una mano, el morral sobre sus hombros y sus hermosos ojos, profundos y verdes concentrados en el tablero a la espera del siguiente avión que la llevará por otra ciudad australiana en esta aventura de siete meses, encontrarás a una joven mujer con tanta energía y tantos sueños que querrás saber mucho más sobre ella.
No será suficiente llegar a saber que es incluso más mimada que su hermanita de 15 años; que reparte su tiempo estudiando periodismo, leyendo novelas y literatura de no ficción y especialmente inmersa en la música.
Ahora que lo pienso mejor creo que todo sobre ella es música: le gusta tanto que se la pasa cantando, tocando y bailando samba con sus amigos o incluso en lo mejor de su placentera soledad.
Tal vez sea por las novelas de Machado de Assis, o por la influencia que tuvo en su vida su ex jefe, aquél francés tan viajero con sus antecedentes comunistas y bohemios; o tal vez por su tan apasionado rechazo a cualquier forma de violencia o manifestación de la pérdida de las libertades; o solo la suma de todas esas cosas lo que la hace tan interesante.
Tal vez sea por esa sangre latina que le hierve por las venas que hace que no soporte a toda esa gente vestida de negro caminando tan solitaria y afanada por las calles de Sídney o por el hecho de que sea una persona con unos valores familiares y sentimentales muy fuertes.
Solo la imagino con su iPod, sonriendo, escuchando samba y contagiando su alegría donde quiera que ella esté después.

jueves, 17 de septiembre de 2009

a pesar de todo y precisamente por eso

pa’l “primo pepe”


En días pasados se me dañó el cable del compu y eso me jodió de varias formas:
Por un lado porque no esperaba que una vaina casi nueva y original jodiera tan pronto; y por el otro porque el nuevo me sale en $70 más gastos de envío y que lo vuelva a haber en existencias (y no es que tuviera la plata disponible para eso). Obviamente contando adicionalmente que es mi medio de escribir, leer, ver mis bobadas, estudiar y comunicarme.
Esta mañana la cosa amaneció mejor sencillamente porque desde anoche antes de dormirme el sol ya había salido para mí, así que enfrenté el mundo con buena gana de una al despertarme.
No es que hubiera mucho en la mini-nevera pero logré armar un almuerzo rico con los 4 ingredientes que quedaban y en 4 minutos; al salir de casa pintaba que iba a llover, pero por la temperatura y la humedad decidí no sacar chaqueta (esta vaina de no cargar chaqueta o saco se me hace tan raro después de toda la vida haciéndolo), al llegar a la esquina descubrí que no llevaba el celular así que me devolví solo para descubrir que en donde debía estar la llave de la entrada, no había nada así que no pude entrar por el celular que dejé y en el cual esperaba recibir alguna llamada por trabajo.
Al ir a comprar el tiquete del bus me di cuenta que me faltaba plata así que me tocó pedirle a mi compañero de cuarto que me prestara; cuando le pedí el tiquete al indio del 7-11 el sujeto me lo pasó sin darse cuenta que tenía otro idéntico pegado debajo. (carajo! 2 tiquetes de $34 por el precio de uno).
Le devolví el otro y me fui a estudiar normalito.
Con respecto al portátil, pues me había fijado que una compañera brasilera tiene la misma referencia y desde el lunes le he pedido que durante la clase me preste su cable y con eso recargo batería para usarlo en casa, así que eso ha ido salvando la patria para lo mínimo necesario. (Si. He caído bajo con mi alta dependencia al pc, pero al fin y al cabo ya dejé el cigarrillo desde hace varios años y el otro vicio aún me aguanto otro poquito para ejercerlo como es debido).
Luego de una larga caminata en la tarde, mi compañero de habitación me pidió que lo acompañara en una aún más larga caminata camino a casa, precisamente casi la misma ruta por la que se hará un maratón este domingo; así que acomodé el morral y echamos a andar.
En semejante trecho de recorrido pasamos por una tienda de portátiles y mi compañero me dijo que preguntáramos, entré y di un vistazo pero me di cuenta que no era la clase de lugares para esos cables y fui hacia la salida, pero mi compañero si se fue hasta el mostrador; comenzó a intentar hablar con el hombre y yo me devolví para ayudarle un poquito pero sin ninguna esperanza. El hombre nos miró muy diligentemente mientras luchaba por entendernos mejor, dijo que tal vez, preguntó el modelo y yo saqué el equipo, dijo que si lo tenía y lo sacó de una caja. Le pregunté cuanto era para volver por el, me extendió el cable y me dijo con cara gentil y normal “take it mate, merry christmas”. No lo podíamos creer, así nada más, en una ciudad tan cara como esta y donde una porción de mayonesa o b.b.q. cuesta 50 centavos.
Al salir el gordo me dijo: “ahí tiene los 34 que devolvió”
No saben lo grato y lo conciliatorio con muchas cosas de la vida que fue para ambos saber que hay personas, hay lugares, en estos tiempos en dónde alguien hace algo por un extraño simplemente porque sí, porque puede hacerlo y sin sacar ventaja; porque está bien. Porque así se teje una red muy resistente de ganas de hacer lo mismo y que la red se extienda.
Ahora tengo tengo mi equipo de vuelta, sonrío no porque me haga la vida más feliz o más sencilla escribir esto en mi portátil mientras oigo Stravinski y su maravilloso “Pájaro de Fuego” gracias a un cable “gratis”; sino porque así se construye la paz y el hombre ni siquiera notó lo profundo de su acto, simplemente porque fue natural para él.

PD: no llovió, la llave no apareció, el celular estaba en lo profundo de mi maleta y no recibí ninguna llamada de trabajo, pero nada de eso importa cuando se renuevan las esperanzas en la humanidad.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Letanía contra el Miedo Bene Gesserit

No conoceré el miedo.
El miedo mata la mente.
El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total.
Afrontaré mi miedo.
Permitiré que pase sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.
Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada.
Sólo estaré yo.

(esto no es mío es de “Duna” de Frank Herbert; de lo más hermoso e interesante que he leído en años; que sea un regalo para el que quiera tomarlo)
dune

domingo, 30 de agosto de 2009

el pañuelo de tela

Era media tarde, salía de mis actividades diarias y decidí caminar esperando el bus caminando en sentido contrario a mi destino, un poco con la excusa de avanzar a la demás gente que esperaba junto a mí pero en realidad es que simplemente quería caminar, sin motivo ni sentido. Un par de cuadras adelante vi a una joven mujer que me era familiar, de esas personas que te cruzas siempre en la universidad o el trabajo o el barrio, que no sabes quién es ni nada de ella, pero que la simple cortesía del contrato social te hace saludar con un gesto ligeramente impersonal, y se vuelve un gesto mutuo una que otra vez de esas que se cruzan; éste no fue el caso.
Casi cuando estaba a su lado vi que estaba llorando. Sola, desconsolada, me vio y ya no podía evitar pasar a su lado, estaba completamente vulnerable allí en medio de la calle y era tal su indefensión que ni siquiera trató de ocultar su tristeza. Creo que esa misma humildad me mizo vulnerable a mi mismo en ese momento; no supe que hacer, solo sabía que mis propios pies me habían llevado allí, que ella estaba mal y yo me sentía mal por estar vulnerando su intimidad.
No saludé, solo me acerqué lentamente y le ofrecí mi pañuelo, mi pañuelo de tela del cual ya más de uno se ha burlado porque parece que hace mucho solo los abuelitos los usan. Lo tomó con una mano trémula y la otra abrazada a su cuerpo helado y dolorido; miró el pañuelo y todo el diluvio contenido de sus males se desbordó, lo que sea que eso fuera. La abracé y dejé que llorara, mientras ella lloraba en mi hombro la fui conduciendo hacia una banca cercana; no se detenía, era un llanto constante e intenso, que mantenía la corriente de dolores que querían salir. Yo no sabía cómo sentirme ni qué más hacer, pero estaba seguro que al menos debía seguir allí, al fin y al cabo esto era mucho más importante que casi cualquier cosa que me estuviera esperando, pero deseaba saber qué más hacer, qué decir...
Allí estaba yo estatua y esponja absorbente en mi hombro. En algún lugar lejano estaba ella, que solo estaba presente en sus brazos que se aferraban a un desconocido y sus lágrimas que iban dando tregua lentamente aunque sin misericordia.
Cuando ya la tarde era noche, la joven se recuperó un poco, sus ojos estaban hinchados y empequeñecidos, sus manos estaban heladas y agarrotadas con el pañuelo, su pelo era un desorden con olor a mar de otoño, su boca estaba entumecida en un rictus de dolor. miró el pañuelo y se lo pasó por los pómulos, estaba tan mojado que al verlo así me miró, sentí su vergüenza por lo mojado y por primera vez me miró y empezamos a reír a carcajadas. Hoy tantos años después que lo vuelvo a recordar creo que entiendo que ella sintió más vergüenza del pañuelo mojado y arrugado que de cómo pudiera verse ella misma; no sé porque a mi también me dio el ataque de risa pero eso no importó nunca, pareció lo más apropiado y natural.
Allí estábamos los dos, de nuevo pasaron los minutos sin que importara nada más. En algún momento ella me devolvió el pañuelo y yo lo guardé en mi chaqueta. ella me abrazó de nuevo y yo la abracé para darle algo de calor. Nunca me había fijado que ella era notoriamente más alta que yo pero al abrazarla lo sentí, y ridículamente de nuevo me sentí como si yo fuera el vulnerable en esa situación.
Sin preguntarle nada le puse mi chaqueta sobre los hombros, la tomé de la mano y le ofrecí mi brazo; en una cafetería cercana la vi recuperar el calor, el color y el aliento bajo el vapor de un café con leche caliente.
Ya empezaba a hacerse tarde cuando salimos, solo le pregunté si se sentía mejor, apretó los labios un poco y afirmó con la cabeza un momento antes de abrazarme, la dejé en su bus y yo tomé mi camino.
Al día siguiente nos encontramos como si hubiéramos acordado una cita, cuando me vio entrar sonrió bajando la mirada, me acerqué e instintivamente le di un abrazo, ella lo respondió de manera muy calurosa, nos sentamos el uno frente al otro, un poco de nuevo como antes, sin nada que decir y con la cortesía del contrato social de por medio; sin embargo esta vez el hielo había quedado roto de una manera muy íntima y fuerte, la conversación empezó a fluir naturalmente y me contó cómo se sintió y lo que hizo desde la noche anterior, eso me hizo sentir mejor y yo también le conté lo mío. Fue extraño y agradable, hablamos con la familiaridad de quién ya entiende la rutina en el otro y solo le bastan unas pocas palabras para armar toda el contexto, la escena y los eventos en su propia mente.
Puede sonar tonto, pero antes de esa tarde no sabía su nombre y hasta ese momento seguía sin saberlo; incluso ahora dedicándole un buen rato de mi memoria no he conseguido recordar su nombre, sin embargo eso sigue sin importar porque en mi memoria quedan sus ojos oscuros, pequeños y enrojecidos por un casi infinito dolor que compartió conmigo y que quedó anclado en un pañuelo de tela que en el momento en que abandono esta memoria, estaba secándose al tibio sol de la mañana.

jueves, 13 de agosto de 2009

Razones para ser Fredy Krueger o Jason (de martes 13)

Contrario a lo que el título supone no diré nada en contra de las suegras y las cosas que podrían hacerles estos personajes, porque a decir verdad me han tocado unas bastante buenas y agradables conmigo, incluida aquella que siempre pretendió que yo no le agradaba ni cinco y que no podía ni recordar mi nombre después de más de dos años de verme rondando por su casa.
Lo que tengo por contar es bien sencillo y es solo que hoy encontré una razón válida para aquello de sentirse uno como alguno de aquellos demoníacos maniáticos casi inmortales asesinos sicópatas de las películas de terror: Empuñar una moto sierra!

23082009
Ya sé que sonará “clichesudo” pero me divirtió usar hoy una moto sierra por primera vez; había usado una guadañadora y también me había divertido bastante en aquellos lejanos días de condena a un año de jugar al soldadito de plomo, al menos eso fue más sencillo e inocente que jugar al tiro al pato con munición real.
Lo de hoy fue jardinería. Tuve que ir a jardinear y limpiar (primer trabajito que me salió), limpiar la parte trasera de unos edificios de vivienda y eliminar rastrojo, arrancar unas muy largas y profundas malezas y enfrentarme por primera vez al terror que mis amigos quisieron imprimirme hablándome acerca de lo venenosas, mortales y comunes que son las arañas acá; aunque tienen razón, en este como en otros casos similares, es verdad parcial, como cuando alguien dice que se va a ir a Israel y todo el mundo se escandaliza pensando que le va a caer una bomba o un soldado solo al salir del aeropuerto.

A decir verdad si vi una araña grande, y patona, y bonita, y con colores oscuros brillantes; estaba tranquila en su telaraña entre un árbol y un matorral, tela grande y fuerte, tuve la precaución de preguntar si era venenosa o al menos peligrosa y me tranquilizaron así que puse manos al rastrojo.
Eso de jardinear puede que no tenga nada de interesante o emocionante; pero para comenzar estoy asumiendo todo acá como un renacer, después de todo ni las cucarachas son iguales acá (son gigantes y aterradoramente asquerosas), y si en Bogotá me embobaba viendo una “simple” Mirla de esas que se ven siempre en los parques de la ciudad o largos prados de la nacho; pues como no me voy a emocionar viendo acá Ibis, de esas que aparecen desde los más antiguos jeroglíficos (egipcios), y que ahora veo muy cerca de mi ventana desde lo más tierno de las mañanas hasta las frías tardes de este invierno austral. Tal vez luego haya algún comentario sobre las cacatúas, cuervos, golondrinas, gaviotas y demás.
Volviendo a lo de la jardineada, porque no puedo decir que jardinería, es agradable retomar un rato la actividad física más allá del doble clic de la digitación; Incluso las enredaderas eran tan gruesas que ahí fue cuando salió a relucir la tan ansiada moto sierra; hubo que usarla con frecuencia para poder abrir paso y cercenar todo lo posible para poder arrastrar y rastrillar y que cupiera en las canecas para basura de jardín.
Otra cosa bien curiosa fue que tuvimos que arrancar una gran cantidad de enredadera que subió hasta uno de los árboles por las ramas y que tenían la elasticidad y resistencia de las mejores lianas de Tarzán que hayan salido en película alguna, ni colgados haciendo fuerza entre dos podíamos arrancarlas, así que solo arrancamos lo que pudimos y me sentí un poco como destruyendo el patio de juegos de Tarzán Junior con la moto sierra a toda máquina… y me gustó.
Después de cinco horas de haber aserrado, rastrillado, arrancado, arrastrado, cortado, e incluso balanceado en bejucos de Tarzán debo decir que el balance fue bastante positivo: ya me sentí mejor habiendo hecho algo de trabajito útil como primer pinito y contacto, y lo mejor de todo es que me divertí haciéndolo, con todo y sierra y aunque no hubiera tenido ninguna suegra a rango.

miércoles, 12 de agosto de 2009

“on the air”

Esto de la migración es una vaina muy seria desde que esté sonando Pastor López over the Sydney’s radio airwaves broadcasting system…

lunes, 10 de agosto de 2009

devorado por las nubes

Tuve un sueño perturbador, supremamente raro hasta para los sueños que acostumbro tener.
Estaba en algún lugar lejano, supongo que por estas latitudes del sur por las tonalidades del cielo que se sentían más profundas, que se tintaban con colores salmón y violeta, que me mostraban unas estrellas aún ajenas a mí.
Estaba a campo abierto, como un terreno llano pero con unas colinas cercanas, sin embargo era más como una meseta porque estaba más cerca de los cielos, como aquella ahora lejana Bogotá.
A mi lado estaba alguna figura materna, pero diferente de mi madre o mi abuela. También había otras dos personas, un niño de unos 12 años, que me era familiar aunque no tan cercano, sé que había más gente pero ni idea de quién pudiera ser.
Súbitamente el cielo cambiaba de tonalidades y se armaba una alarma general; como una especie de revuelo de Armagedón, es exactamente lo que estaba sintiendo, que había llegado el fin de la película.
Todos corrían y hacían cosas para protegerse pero no logro saber qué era concretamente lo que hacían.
Yo sentía miedo especialmente por la gente que me importaba y no lograba encontrar en ese momento a mi lado.
Súbitamente me veía elevado sobre una nube, caminando en ella, de la mano del joven niño y de mi la figura materna, ambas aún anónimas para mi. Había más gente; era como si la nube llevara con ella el equivalente de una cuadra. Sin embargo yo seguía atento a los cielos, sentía angustia a cada nueva mirada que daba a las estrellas y los colores y patrones nuevos.
Caminé por la nube y sentí cómo realmente caminaba por ese espacio algodonoso. Ingrávido y lento.
De un momento a otro se cernió una bruma sobre la nube y junto con un mayor oscurecimiento del cielo y algún otro evento que no puedo definir, la nube empezó a cubrirlo todo, el niño que estaba a mi lado se acercó a tocarla, yo traté de advertirle pero cuando llegué a él y lo tomé de la mano, la nube hacía mucha más tracción que yo y terminó consumiéndolo, elevándolo, devorándolo, tuve que soltarlo y aferrarme al suelo algodonoso para que no me tragara y tratar de avanzar hasta la mujer, para advertirle y protegerla; pero al llegar a ella había alguien más con ella que ya lo estaba haciendo, sé que era alguien cercano a mi porque al saberlo me tranquilicé.
Ahora solo restaba rezar para que el Armagedón nos consumiera lo mejor posible, lo que sea que eso fuera, pero primero había que evitar que nos consumiera la nube.

ni una palabra

Tarde de domingo. Centro comercial.
Paseantes recorren los pasillos en una rutina de festivo creada para despojarse de la rutina de la semana.
En un corredor cualquiera unas bancas sirven a algunos para huir del alboroto, otros descansan, esperan a sus acompañantes que salgan del baño, o buscan un lugar más apartado y tranquilo para una conversación; todos se confunden como la misma muchedumbre que son.
Allí está él. Cualquiera. Un hombre joven que se viste cómodo para descansar de su semana; pasan personas a su alrededor sin que nada pase, las mira sin mirarlas, sin atención y sin descuido.
Ella sale del baño, es joven, bonita, menuda, se la ve callada, tímida, con un halo distante en sus ojos que aumenta su encanto, se viste discreta pero agradable. Avanza en dirección a las bancas con actitud un poco contraída; un par de hombres la miran pasar; lenta, mirando ausente a lado y lado. Se detiene a medio paso del hombre en la banca, como si no vinieran juntos pero con cercanía, él levanta la mirada y la ve a los ojos, ella baja la mirada y se encuentran.
Solo un segundo.
Sin señales, sin parpadeos, sin gestos.
Ella vuelve a mirar a lado y lado.
El mete la cabeza entre las manos y suspira con desesperación contenida en un segundo eterno. Se levanta con una nueva carga sobre si y ambos toman el mismo camino, un camino que aún ninguno sabe a dónde va.
Y mi alma se llena de tristeza al haberlos espiado y descubrir su secreto, y desesperanza  al suponer lo que sigue.

domingo, 2 de agosto de 2009

ay‘ombe! Ésa es la patria…

Me contaban algunos compatriotas que en Sídney hay una tienda llamada “la Cumbia”; no he ido pero me dicen que es una de esas típicas tiendas en el exterior que ofrece a los compatriotas (y otros incautos), productos de “la tierrita”, algunos de buena calidad, otros viejos, otros ni idea, pero todos a altos precios que los colombianos tan arraigados a la patria que son(mos?) están dispuestos a pagar.

Me dicen que la atención es bastante deficiente, por no decir que mala (tal vez sea para que uno se sienta exactamente como en la patria), que una empanada que vale AUD$5 le da derecho a un casquito de lima o poquitico de ají, (si lo pide un par de veces),  pero si se le ocurre pedir “otro poquito” o “pedacito”, la única alternativa es pedir otra empanada, ergo: otros AUD$5. Se consiguen desde caldo de costilla “ricostilla” hasta aguardiente y chocolisto y no imagino qué más, pero garantizado que hay todas esas cosas de las que uno verdaderamente se antoja sólo cuándo ha abandonado la patria.

Pero no es solo eso lo que me parece tan curioso del lugar. Creo que tendré que pasar en algún momento solo por conocerlo y tal vez antojarme de alguna carajada como el chocorramo.
Lo que me parece verdaderamente curioso es que además de que los precios son altos, son lo usualmente “ahorrativos” para que en su cocina, que ofrece desde una bandeja paisa, arepas, empanadas y otras delicias de la chibcocina, el chef que prepara semejantes criolladas… ES CHINO!. ¿Haría falta decir porqué?
Lo más cercano a “Colombian Food Made in China”

china

(¿¡ –cara de desconcierto- !?)