lunes, 10 de agosto de 2009

devorado por las nubes

Tuve un sueño perturbador, supremamente raro hasta para los sueños que acostumbro tener.
Estaba en algún lugar lejano, supongo que por estas latitudes del sur por las tonalidades del cielo que se sentían más profundas, que se tintaban con colores salmón y violeta, que me mostraban unas estrellas aún ajenas a mí.
Estaba a campo abierto, como un terreno llano pero con unas colinas cercanas, sin embargo era más como una meseta porque estaba más cerca de los cielos, como aquella ahora lejana Bogotá.
A mi lado estaba alguna figura materna, pero diferente de mi madre o mi abuela. También había otras dos personas, un niño de unos 12 años, que me era familiar aunque no tan cercano, sé que había más gente pero ni idea de quién pudiera ser.
Súbitamente el cielo cambiaba de tonalidades y se armaba una alarma general; como una especie de revuelo de Armagedón, es exactamente lo que estaba sintiendo, que había llegado el fin de la película.
Todos corrían y hacían cosas para protegerse pero no logro saber qué era concretamente lo que hacían.
Yo sentía miedo especialmente por la gente que me importaba y no lograba encontrar en ese momento a mi lado.
Súbitamente me veía elevado sobre una nube, caminando en ella, de la mano del joven niño y de mi la figura materna, ambas aún anónimas para mi. Había más gente; era como si la nube llevara con ella el equivalente de una cuadra. Sin embargo yo seguía atento a los cielos, sentía angustia a cada nueva mirada que daba a las estrellas y los colores y patrones nuevos.
Caminé por la nube y sentí cómo realmente caminaba por ese espacio algodonoso. Ingrávido y lento.
De un momento a otro se cernió una bruma sobre la nube y junto con un mayor oscurecimiento del cielo y algún otro evento que no puedo definir, la nube empezó a cubrirlo todo, el niño que estaba a mi lado se acercó a tocarla, yo traté de advertirle pero cuando llegué a él y lo tomé de la mano, la nube hacía mucha más tracción que yo y terminó consumiéndolo, elevándolo, devorándolo, tuve que soltarlo y aferrarme al suelo algodonoso para que no me tragara y tratar de avanzar hasta la mujer, para advertirle y protegerla; pero al llegar a ella había alguien más con ella que ya lo estaba haciendo, sé que era alguien cercano a mi porque al saberlo me tranquilicé.
Ahora solo restaba rezar para que el Armagedón nos consumiera lo mejor posible, lo que sea que eso fuera, pero primero había que evitar que nos consumiera la nube.

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