jueves, 13 de agosto de 2009

Razones para ser Fredy Krueger o Jason (de martes 13)

Contrario a lo que el título supone no diré nada en contra de las suegras y las cosas que podrían hacerles estos personajes, porque a decir verdad me han tocado unas bastante buenas y agradables conmigo, incluida aquella que siempre pretendió que yo no le agradaba ni cinco y que no podía ni recordar mi nombre después de más de dos años de verme rondando por su casa.
Lo que tengo por contar es bien sencillo y es solo que hoy encontré una razón válida para aquello de sentirse uno como alguno de aquellos demoníacos maniáticos casi inmortales asesinos sicópatas de las películas de terror: Empuñar una moto sierra!

23082009
Ya sé que sonará “clichesudo” pero me divirtió usar hoy una moto sierra por primera vez; había usado una guadañadora y también me había divertido bastante en aquellos lejanos días de condena a un año de jugar al soldadito de plomo, al menos eso fue más sencillo e inocente que jugar al tiro al pato con munición real.
Lo de hoy fue jardinería. Tuve que ir a jardinear y limpiar (primer trabajito que me salió), limpiar la parte trasera de unos edificios de vivienda y eliminar rastrojo, arrancar unas muy largas y profundas malezas y enfrentarme por primera vez al terror que mis amigos quisieron imprimirme hablándome acerca de lo venenosas, mortales y comunes que son las arañas acá; aunque tienen razón, en este como en otros casos similares, es verdad parcial, como cuando alguien dice que se va a ir a Israel y todo el mundo se escandaliza pensando que le va a caer una bomba o un soldado solo al salir del aeropuerto.

A decir verdad si vi una araña grande, y patona, y bonita, y con colores oscuros brillantes; estaba tranquila en su telaraña entre un árbol y un matorral, tela grande y fuerte, tuve la precaución de preguntar si era venenosa o al menos peligrosa y me tranquilizaron así que puse manos al rastrojo.
Eso de jardinear puede que no tenga nada de interesante o emocionante; pero para comenzar estoy asumiendo todo acá como un renacer, después de todo ni las cucarachas son iguales acá (son gigantes y aterradoramente asquerosas), y si en Bogotá me embobaba viendo una “simple” Mirla de esas que se ven siempre en los parques de la ciudad o largos prados de la nacho; pues como no me voy a emocionar viendo acá Ibis, de esas que aparecen desde los más antiguos jeroglíficos (egipcios), y que ahora veo muy cerca de mi ventana desde lo más tierno de las mañanas hasta las frías tardes de este invierno austral. Tal vez luego haya algún comentario sobre las cacatúas, cuervos, golondrinas, gaviotas y demás.
Volviendo a lo de la jardineada, porque no puedo decir que jardinería, es agradable retomar un rato la actividad física más allá del doble clic de la digitación; Incluso las enredaderas eran tan gruesas que ahí fue cuando salió a relucir la tan ansiada moto sierra; hubo que usarla con frecuencia para poder abrir paso y cercenar todo lo posible para poder arrastrar y rastrillar y que cupiera en las canecas para basura de jardín.
Otra cosa bien curiosa fue que tuvimos que arrancar una gran cantidad de enredadera que subió hasta uno de los árboles por las ramas y que tenían la elasticidad y resistencia de las mejores lianas de Tarzán que hayan salido en película alguna, ni colgados haciendo fuerza entre dos podíamos arrancarlas, así que solo arrancamos lo que pudimos y me sentí un poco como destruyendo el patio de juegos de Tarzán Junior con la moto sierra a toda máquina… y me gustó.
Después de cinco horas de haber aserrado, rastrillado, arrancado, arrastrado, cortado, e incluso balanceado en bejucos de Tarzán debo decir que el balance fue bastante positivo: ya me sentí mejor habiendo hecho algo de trabajito útil como primer pinito y contacto, y lo mejor de todo es que me divertí haciéndolo, con todo y sierra y aunque no hubiera tenido ninguna suegra a rango.

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