Tarde de domingo. Centro comercial.
Paseantes recorren los pasillos en una rutina de festivo creada para despojarse de la rutina de la semana.
En un corredor cualquiera unas bancas sirven a algunos para huir del alboroto, otros descansan, esperan a sus acompañantes que salgan del baño, o buscan un lugar más apartado y tranquilo para una conversación; todos se confunden como la misma muchedumbre que son.
Allí está él. Cualquiera. Un hombre joven que se viste cómodo para descansar de su semana; pasan personas a su alrededor sin que nada pase, las mira sin mirarlas, sin atención y sin descuido.
Ella sale del baño, es joven, bonita, menuda, se la ve callada, tímida, con un halo distante en sus ojos que aumenta su encanto, se viste discreta pero agradable. Avanza en dirección a las bancas con actitud un poco contraída; un par de hombres la miran pasar; lenta, mirando ausente a lado y lado. Se detiene a medio paso del hombre en la banca, como si no vinieran juntos pero con cercanía, él levanta la mirada y la ve a los ojos, ella baja la mirada y se encuentran.
Solo un segundo.
Sin señales, sin parpadeos, sin gestos.
Ella vuelve a mirar a lado y lado.
El mete la cabeza entre las manos y suspira con desesperación contenida en un segundo eterno. Se levanta con una nueva carga sobre si y ambos toman el mismo camino, un camino que aún ninguno sabe a dónde va.
Y mi alma se llena de tristeza al haberlos espiado y descubrir su secreto, y desesperanza al suponer lo que sigue.
El relato permite adentrarse en la historia, historia interesante que mueve y remueve corazones... Historia que remonta a momentos similares pero lejanos ya! un Abrazo! Anita!
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