En esta vaina de meterme en otra vida en otra mundo, me dio por voluntariarme para una feria en un suburbio. Un domingo cualquiera en un barrio residencial que hace un bazar como en cualquier otro lugar, solo que con las “pequeñas” diferencias de lo que eso puede representar por acá. Precisamente este es uno de varios blogs dedicados a esas diferencias e igualdades de los otros mundos.
La feria tenía de todo: juegos mecánicos para niños, feria artesanal y de todo tipo de productos, carpas con campañas institucionales y ahí estaba yo: Guardián de la caneca (al mejor estilo Mitch Buchannon, bay watch, inicio de los 90’s). Fue un voluntariado que tomé para conocer otra parte de la ciudad, recibir camiseta y almuerzo gratis y una carta de recomendación del Lane Cove City Council. Solo tenía que estar cerca a las tres canecas que se ven en la foto y cuando alguien fuera a echar algo en ellas, invitarlos a usar la caneca adecuada para cada tipo de basura. Es muy fácil: material orgánico en la roja, reciclable en la amarilla y papel en la azul; pero cuando alguien quería botar un vaso de café hasta yo mismo me confundía porque si tenía aún líquido se supone que iba en la roja pero como es papel es la azul pero por el material reciclable debería ir en la amarilla, sin hablar del pitillo y tapa plásticos que a la gente le daba mamera separar. Al final también hubo alguna gente que le importaba un carajo lo de la separación de basuras, que hacía ruido o que no era polite o amable, pero era tan poca que no solo se destacaba de mala manera sino que terminaba haciéndolo un poco al margen de los demás. En fin, el trabajito resultó ser varias cosas todas muy agradables, interesantes y divertidas.
La vaina es que uno no puede dejar de comparar, de sorprenderse gratamente de cosas agradables y de maravillarse de cosas tan tristemente iguales al contexto en el que me moví casi siempre. Siempre hay Hippies vendiendo manillas (y acá suelen ser latinoamericanos), promotores de yoga, curas milagrosas contra el cáncer y espiritualidades con la verdad verdadera (suelen ser chinos), familias que salen a caminar y desperezar la rutina (de todas las nacionalidades). De la comida ni hablar, eso merece muchos temas posteriores y que he ido postergando porque no sé por donde comenzar. Son todos los mundos a la vez, un sabor a la vez.
En fin, para continuar con lo de las diferencias, ya la sola organización del evento resultó excelente: gente que hacía lo que debía hacer, muchos voluntarios, gente retirada que quería colaborar con las cosas de su comunidad y pasar una tarde agradable y calmada tomándose las cosas muy en serio pero con diversión y compromiso, gente joven queriendo colaborar y pasar un rato agradable. Todo muy familiar.
Y así muy familiar me sentí, la gente es tan amable acá en general que hasta confieso que me he sentido suspicaz cuando me hablan con amabilidad o me ofrecen ayuda si me veo perdido por ahí. Esta es una de esas vergonzosas cosas que lucho por quitarme cada día: esa paranoia de supervivencia con la que tenemos que blindarnos los que queremos sobrevivir en lugares como Bogotá y tantos otros más.
En general especialmente en esta ciudad se promueve mucho eso de andar en familia y hasta hay tarifa especial en domingo(mínimo un adulto y un niño menor de 12 años: 2.50 tiquete para bus, tren o ferri y se puede uno montar en lo que quiera las veces que quiera hasta donde quiera dentro del área de Sídney). También se promueve entre semana de forma que la gente no se quede hasta tan tarde a trabajar y vaya a su casa a comer; casi todo lo cierran a las 5pm, hasta los centros comerciales; el jueves es día “largo” y se cierran las cosas a las 8 o 9pm.
Esta es la clase de cosas por las que uno siente que vale la pena haber tomado esta decisión: acá las cosas funcionan. No quiero decir que sean perfectas, al fin y al cabo en este planeta estamos todos lejos del paraíso desde que el hombre se llama hombre. simplemente que la ciudad funciona en un muy alto porcentaje de sus variables: transporte y servicios, aseo, seguridad y tolerancia, negocios y economía, ciudadanía y civismo, desarrollo sostenible, variedad para cada gusto, en fin. Si bien esta ciudad es MUY cara, siente uno lo que paga en impuestos y el costo mismo de las cosas se revierte en una mejor calidad de vida.
Esto de los voluntariados me ha gustado siempre y la verdad es que poco lo había hecho precisamente porque sentía que no valía mucho la pena. Me divertí, aprendí mucho acerca del diario vivir de estos canguráceos y avestruzoideas, me sentí parte de la comunidad, conocí y compartí con gente muy bonita y agradable, conocí nuevos lugares y al final del día hasta conseguí trabajo, uno bastante particular que creo que merece tema aparte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario