viernes, 9 de octubre de 2009

Los que se van y los que se quedan

Toda historia tiene más de una versión, al menos la de uno y otro lado; en el caso de los emigrantes la cosa se vuelve entre los que se van y los que se quedan. Cada uno tiene una versión de por qué su situación es más difícil y dolorosa que la del otro; no sé cuál sea la verdad ni importa, pero conozco ambos lados de la historia y muchas historias que amplían esta visión y quiero compartir la ironía de los mismos pensamientos en el otro lado del espejo. Porque al fin lo que importa es que ambos siguen teniendo en común que su mente está allá con aquel al que se extraña tanto.

El que se va goza de una nueva vida. El qué se queda goza de la vida que ya sabe vivir. Ambos para bien o para mal.

Nadie sabe la sed con la que bebe el otro.

Con la tecnología disponible hoy día la migración se hace más cercana para ambas partes: mails, redes sociales, álbumes en línea, celulares con llamadas gratuitas internacionales, chats con webcams, mensajes cortos…todo en tiempo real; todo para estar más juntos y hacer más llevadero el tiempo y el espacio interpuesto, pero al final puede más el mundo que no para de rodar. Para bien o para mal.

Quedarse no es fácil, dicen los que se quedaron. Los que se fueron viven una nueva vida a cada paso, lenguas, costumbres, lugares, personas, experiencias completamente diferentes que embriagan a cualquiera y hacen que el que se quedó se sienta dejado atrás, olvidado y enterrado entre las arenas del tiempo, menospreciado por las nuevas estrellas que brillan en el nuevo cielo del ausente. No hay mucho que contar tan interesante como lo que va contando y publicando el viajero; es mejor tragarse los dolores frecuentes y usuales “para no preocuparlo por allá”, porque al fin y al cabo acá “somos los mismos con las mismas y lo seguiremos siendo”.

Estar fuera no es fácil, dicen los que se van, los que se quedan cuentan con el mundo que conocen y saben vivir, con la compañía que ya tenían y haciendo las cosas que ya saben, no tienen que extrañar los arraigos de la tierra (tan propios de los colombianos); los que se fueron se sienten olvidados y enterrados por las arenas del tiempo; sienten que sus amores, familiares y amigos empiezan a olvidarlos en el devenir de su rutina, cada vez con menor frecuencia escriben y cuentan menos cosas cada vez o parecieran preocuparse menos por aquel que ya no está. Esporádicamente alguien pregunta: “eh! y qué pasó con este que se fue, ¿cómo es que se llama?”. Se siente que es más fácil publicar la foto sonriente junto al paisaje de la postal que escribir mails con las cuitas y lágrimas de los nuevos dolores y temores porque persiste en el emigrante el miedo al fracaso y el señalamiento y la decepción por parte de quienes esperan los triunfos, dólares y regalos.

Comunicación ya la tenemos hoy en día, de todas las formas. Hace falta que sea más efectiva y real. Yo mismo publico mis fotos en salidas y lugares, sonrientes e irreverentes; obvio que no me tomo fotos cuando estoy aburrido, deprimido o preocupado, pero si sé que si se debe hablar con la verdad de manera asertiva con aquellos a quienes se extraña, por quienes el esfuerzo vale la pena y por los que la sonrisa en la foto es de verdad sincera.

Al final siempre estamos tan juntos los unos de los otros tanto como lo queramos seguir estando, con cartas, llamadas, fotos o mensajes que nos unan más de verdad y recuerden porque somos importantes los unos para los otros no importa que estemos bien o mal, lejos o cerca.

Una canción de Joan Manuel Serrat llamada “Juan y José” cuenta la historia de dos grandes amigos de infancia que se separan porque uno de ellos se va a viajar y le envía al otro cartas y postales, y el otro se queda en su misma vida provinciana; les regalo el último pedazo cuando se encuentran medio siglo después:

“Juan y José
volvieron a encontrarse en el frontón
medio siglo después, y como si tal cosa
Juan preguntó:
"¿A cuál le vas... azul o colorao...?"
y respondió el indiano: "Al que vaya a esa moza...
Qué cosas, Juan,
tanto rodar y estamos otra vez
en donde lo dejamos..."
"Pero a ti, Pepe, que te quiten lo bailado...
Y gracias, Pepe, por llevarme a bailar."
Caña dulce,
mamey colorao.
Tú cabalgabas
y yo iba a la grupa
en las largas tardes junto a la estufa
del viejo café.
Con las alas de tus cartas, José,
atravesé todos los cielos de América
contigo,
¡Amigo!”

2 comentarios:

  1. Tienes toda la razón, creo que finalmente uno espera que el que se va sea el que cuente todo , por que como tu dices el que se queda queda con lo mismo en las mismas y resulta que aquí o allá, siempre habran historias que contar...

    Paola Andrea.

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  2. Es tan cierto esto que comentas mi amigo, este dualismo de ver partir a quien amas tras un sueño, tras una meta, es hasta complejo explicarlo o entenderlo? es ser feliz por quien se merece ir a hacer realidad su sueño pero tan doloroso el quedarse en una tierra que aveces quisiéramos fuera tan diferente pero que aun así amamos, que sentimos que amamos más cuando estamos con ese ser único que ha llenado nuestras vidas , que nos ha mostrado la otra cara de la moneda, la de ser felices , la de ver el amor como un estado de plenitud, de bienestar, pero.. pero.. siempre tiene que que haber un pero...yo me quedo él se va y como hacerle para vencer la distancia de no poder sentir sus labios rozando los míos, del calor de su piel cubriéndome en las noches frías, de levantarme y no verme a su lado y decir un buenos días amor...un día mas que nos merecemos para ser felices juntos , ahora seremos felices viendo al mismo horizonte desde puntos distintos...Mi alma con alegría y con dolor...

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