domingo, 18 de octubre de 2009

realidades y verdades

 

(citando a Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol)

Alice in Wonderland(…)

--¿Qué clase de gente vive por aquí? –preguntó Alicia.

--En esta dirección --dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha-- vive un Sombrerero. Y en esta dirección --e hizo un gesto con la otra pata-- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

--Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca --protestó Alicia.

--Oh, eso no lo puedes evitar --repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

--¿Cómo sabes que yo estoy loca? --preguntó Alicia.

--Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aquí.

(…)

Este pasaje siempre ha sido de mis favoritos; me encanta el sin-sentido tan inteligente y sutil de todo el libro y en este pasaje yo creo ver algo muy común: de quién nos rodeamos  consciente o inconscientemente; “dime con quién andas y te diré quién eres” es una muy sabia frase de abuela que se acomoda bastante bien a la esta situación.

alicia Alicia termina metida de alguna forma en un banquete de gente “loca”, pero lo que ella considera loca termina no siendo otra cosa lo que ella misma invoca o hasta ha buscado.

De la manera más limpia y sana el gato de Cheshire de la historia tiene razón, aunque mucho le duela a Alicia y cualquiera que quisiera simpatizar con la aventurera niña, esa esfera social y de eventos que nos rodea termina siendo siempre simplemente que aquello con lo que nuestro subconsciente se sintoniza, para bien y para mal.  Otra broma más del destino, si así queremos llamarlo. A su vez, Alicia siente que padece porque está en un mundo de locos, que todos están locos, que las cosas están mal y que nada es normal. Sin embargo lo que no se da cuenta es que la loca es ella, la anormal es ella: todos los demás son normales porque son, en su nivel, semejantes.

La realidad y la normalidad son solo cuestión de contexto. El que no pertenece o ve desde afuera las cosas es el que cree que las cosas son diferentes. Esta es otra de esas cosas en la que la relatividad hace sus delicias. Acá lo real y normal se vuelve irreal y anormal y viceversa. Es estar en “otro mundo”.

Muchos capítulos después, la niña con una mente más serena decide deliberadamente ir en consonancia con la locura, “seguir la corriente” si se prefiere, para lucha para lograr sus propósitos mientras sobrevive entre tanta novedad y sinsentido para ella.

Creo que al final no se hizo más loca ni más cuerda; tan solo supo tomar parte de la partida que le tocó jugar (en la secuela “Alicia a través del espejo” ella tiene que seguir una partida de ajedrez para poder avanzar), en vez de hacerse la loca o de seguir negando la nueva realidad en la que se vio inmersa. Otro motivo más por el que me gusta tanto este clásico de volver a leer una y otra vez.

(A propósito, no puedo esperar a ver POR FIN lo que fue era solo un sueño loco: ver esta locura bajo el lente de Tim Burton. Les dejo el trailer en alta calidad)

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